Por Felipe Marañón
El 29 de julio de 1954, el escritor británico J. R. R. Tolkien publicó La Comunidad del Anillo, el primer volumen de El Señor de los Anillos. Aunque la obra es reconocida principalmente como una novela de fantasía, también permite reflexionar sobre diversos aspectos de la política, el poder y la manera en que las personas construyen imágenes sobre quienes consideran aliados o enemigos.
A lo largo de la historia, Tolkien presenta una lucha entre el bien y el mal representada por distintos pueblos y personajes. Los hobbits, los elfos, los hombres y la Comunidad del Anillo suelen ser identificados como los defensores del bien, mientras que Sauron, los orcos y sus seguidores aparecen como la amenaza que debe ser derrotada. Esta forma de narrar facilita que el lector identifique rápidamente quiénes son los héroes y quiénes los villanos, recurriendo a estereotipos claros que ayudan a comprender el conflicto central.
Desde una perspectiva política, esta representación recuerda la manera en que los discursos públicos suelen dividir a los actores en “buenos” y “malos”. En muchas ocasiones, gobiernos, partidos políticos o líderes construyen relatos donde un grupo simboliza los valores positivos, mientras que otro es presentado como el responsable de los problemas sociales. Estas simplificaciones fortalecen la identidad de quienes apoyan una causa, aunque también pueden dificultar una comprensión más compleja de la realidad.
La teoría política ha mostrado que la creación de enemigos y aliados cumple una función importante en la organización del conflicto y en la movilización de las personas. En ese sentido, El Señor de los Anillos puede interpretarse como una metáfora sobre la disputa por el poder, la legitimidad y la defensa de determinados valores, elementos que también están presentes en la vida política. Al mismo tiempo, la obra invita a cuestionar si las personas y los grupos pueden reducirse únicamente a categorías absolutas de héroes o villanos, o si las decisiones, el contexto y las circunstancias influyen en la forma en que son percibidos por los demás.
Más de siete décadas después de su publicación, la historia de Tolkien continúa siendo un referente no solo de la literatura fantástica, sino también para comprender cómo los relatos influyen en la construcción de estereotipos, en la percepción del poder y en la manera en que las sociedades interpretan los conflictos políticos y sociales.

