Por Karen Marcela García
La gobernanza de Universidades e Instituciones de Educación Superior es entendida como un proceso interno que conlleva al cumplimento de las funciones sustantivas por parte de las autoridades educativas y la comunidad educativa en general. En tal sentido, responde a una dinámica contextual y circunstancial por lo que es fundamental el otorgamiento de autonomía. El liderazgo y la toma de decisiones son elementos imprescindibles en el gobierno interno de las instituciones educativas.
El derecho de las Universidades Públicas a administrar de manera independiente, va desde la elección de autoridades y estructura organizacional, la gestión del recurso financiero hasta la libertad académica. Todo ello en correspondencia con sus Leyes Orgánicas, la Secretaría de Educación Pública y el Estado.
En el caso mexicano, la autonomía de Universidades e Instituciones de Educación Superior ha retomado importancia, siendo esta una de las aportaciones más relevantes que se reflejan en la instauración de la Ley General de Educación Superior en 2021. De manera particular se hace referencia a los derechos y responsabilidades que las Universidades adquieren en correspondencia con el artículo 3° de la Constitución Política de los Estados Unidades Mexicanos.
Más que un privilegio, la gestión institucional se convierte en una responsabilidad social en búsqueda del desarrollo científico y social. Tanto las facultades como las garantías institucionales deben contribuir al tránsito hacia la excelencia educativa. Si bien, la capacidad de autogobierno en algunas ocasiones es un deseo anhelado, pero el cual conlleva el desarrollo de funciones de manera eficiente y transparente, a fin de proporcionar un servicio educativo de calidad.
La autonomía universitaria, sin duda alguna, favorece a una toma de decisiones de forma situada que permite actuar en beneficio de la comunidad educativa. Las Universidades presentan situaciones particulares y se sitúan en contextos diversificados, por ello se requiere que el poder se ejerza al interior de los centros educativos, con intención de responder a las necesidades específicas y cumplir con las demandas contextuales.
En mi opinión personal, a mayor autonomía, mayor compromiso por parte de las autoridades escolares, particularmente en aquellos que ejercen puestos de primer y segundo mando. La toma de decisiones asertiva y ágil, la negociación y el consenso como parte de la gobernanza universitaria debe responder a una serie de procesos e indicadores institucionales. Se considera que una parte del éxito institucional depende del grado de autonomía universitaria que experimentan las Universidades. Lo anterior implica que personal directivo debe poseer un alto grado de liderazgo para dirigir a toda la comunidad educativa hacia el cumplimiento de metas en común, libre de intereses particulares.
A pesar de los avances que se han obtenido en el otorgamiento de autonomía universitaria como parte de la normativa vigente, aún queda arduo trabajo por realizar para alcanzar la legitimidad del gobierno universitario, tanto al interior de las instituciones como parte de la política pública educativa.
En el cumplimiento de este acometido, las Universidades requieren atender grandes retos como el tener una oferta educativa pertinente y actualizada, mantener trayectorias académicas estables, promover la formación integral de los estudiantes, impulsar la conformación de cuerpos académicos y proyectos de investigación, la generación de recursos propios a través de actividades complementarias, así como el establecimiento de una cultura de mejora continua institucional. Además de responder a tendencias educativas globales, con actividades prioritarias respecto a la responsabilidad social, la equidad social y de género, la inclusión y el desarrollo sostenible, por mencionar algunas.
En suma, la solidez institucional a través del cumplimiento de las funciones sustantivas y la implementación de mecanismos internos, dirige a las Universidades e Instituciones de Educación Superior a adquirir un valor público dentro de la sociedad. Los retos presentes en las Universidades son complejos y desafiantes, pero sin duda alguna, se cuenta con las capacidades suficientes para enfrentarlos y, por ende, contribuir a la mejorar el Sistema Educativo Mexicano.

