Por Fernando Miranda
Como cada año, la ceremonia de premiación de los Oscar se convierte en un espacio manchado por controversias en torno a sus nominaciones y decisiones finales. Estas decisiones no son solo un reflejo de desacuerdos y pluralidad de opiniones, sino que evidencian la creciente influencia de la presión mediática y social, que puede terminar en acciones inesperadas y, en ocasiones, contradictorias.
Si bien es cierto que la Academy of Motion Picture Arts and Sciences, institución responsable de organizar y entregar los premios Oscar, lejos de reconocer el esfuerzo artístico, fue concebida como un mecanismo de control para el gremio cineasta, impulsada por Louis B. Mayer, quien fuese cofundador, studio head y vicepresidente de Metro-Goldwyn-Mayer (MGM). No obstante, con el paso del tiempo, la ceremonia y los premios pasaron a considerarse como un reconocimiento legítimo de alto prestigio a los trabajos realizados en la industria del séptimo arte.
Tanto así que incluso la misma academia presenta en su portal oficial como misión la búsqueda del reconocimiento y defensa de la excelencia en las artes y ciencias cinematográficas, así como inspirar la imaginación y conectar el mundo a través del medio del cine.
Sin embargo, estos ideales parecen haberse corrompido por las mismas lógicas propias de la industria. Hoy en día, los Oscar se enfrentan a un escenario donde muchos críticos los consideran como un mecanismo que persigue la espectacularización y el lucro, un show mediático de producción simbólica capaz de manipular la opinión pública y valoración de una obra cinematográfica en pro de sus intereses.
Lo que llama la atención no es que una industria privada, caracterizada por escándalos de abuso, desigualdad y corrupción, quiera, hipócritamente, educar a la sociedad en temas de inclusión, representación y causas sociales. Lo realmente relevante es el fenómeno que se ha dado en los últimos años alrededor de las polémicas decisiones tomadas en torno a quién es nominado y quién gana. Aunque históricamente han surgido polémicas e inconformidades respecto a los nominados y ganadores, actualmente se presenta una disonancia más marcada entre la etapa de nominaciones y los resultados finales anunciados en la ceremonia.
El común denominador en estos escenarios han sido las movilizaciones digitales y campañas en redes sociales que surgen entre el periodo de nominaciones y el día de la premiación. Dichas campañas tienen como objetivo afectar a ciertas figuras de la industria, a causa de escándalos o polémicas personales que van más allá del trabajo objetivo realizado en pantalla.
En este sentido, la preocupación no radica en que una institución que supuestamente se encarga de reconocer el mérito cinematográfico pueda ceder ante presiones externas por miedo a la desaprobación pública o una mala crítica, sino en las implicaciones más amplias de este tipo de dinámicas. La posibilidad, cada vez más plausible, de que instituciones democráticas en general dejen de lado el juicio objetivo en la toma de decisiones públicas y actúen solo para evitar linchamiento en redes sociales o para no perder popularidad, sacrificando la objetividad por la aceptación pública.
Es cierto que tal vez estas movilizaciones y campañas digitales pueden justificarse en la búsqueda de un “bien superior”, como evitar que una persona que ha cometido algún abuso sea reconocida con un premio; sin embargo, también es necesario reconocer que, a veces, estas movilizaciones están influenciadas por prejuicios, o desinformación. En este punto es donde vale la pena definir que debe prevalecer en la toma de decisiones: la opinión mayoritaria (la cual pudiera o no estar equivocada) o la aplicación consistente de criterios normativos previamente establecidos.
Es en este sentido, la verdadera pregunta no es: ¿Qué premia realmente la academia: el trabajo realizado en pantalla o la polémica detrás de la película? Más bien, deberíamos cuestionarnos: ¿Debe privilegiarse la demanda social inmediata o la coherencia con principios normativos que garanticen criterios estables de evaluación?

