Por Dinorah Moreno Marañón
En el marco del 8 de marzo, también es importante hablar de una realidad que aún persiste en la ciencia: la desigualdad que enfrentan muchas mujeres cuando la maternidad se suma a su trayectoria profesional. La brecha no comienza ni termina con el acceso a una carrera; con frecuencia se vuelve más visible cuando las investigadoras también asumen tareas de cuidado.
Para muchas mujeres, la jornada científica no termina en el laboratorio, el aula o la oficina. Continúa en casa, en la crianza, en la atención de sus hijas e hijos y en la organización de la vida diaria. Aun así, los espacios académicos y de investigación suelen seguir exigiendo resultados sin considerar ese trabajo de cuidado, que también sostiene a la sociedad.
Publicar, asistir a congresos, competir por becas o avanzar profesionalmente representa para muchas madres investigadoras un esfuerzo adicional. No por falta de talento o compromiso, sino porque las responsabilidades de cuidado siguen recayendo principalmente en ellas. En este 8M, visibilizar esta realidad también es dar un paso hacia una ciencia más incluyente, humana y equitativa.
Reconocer esta situación no significa restar valor al trabajo científico, sino entender que la igualdad también debe construirse dentro de las instituciones. Hablar de maternidad en la ciencia es abrir espacio a una conversación necesaria sobre condiciones más justas, donde el cuidado no sea visto como un obstáculo individual, sino como una responsabilidad compartida que también debe ser tomada en cuenta.
El 8 de marzo también invita a mirar a las mujeres que, además de investigar, sostienen la vida cotidiana. Muchas de ellas continúan aportando conocimiento, formando nuevas generaciones y participando activamente en sus campos, aun cuando enfrentan jornadas dobles y exigencias que pocas veces se reconocen. Su trabajo merece no solo visibilidad, sino también mejores condiciones para desarrollarse plenamente.
Construir una ciencia más incluyente implica avanzar hacia espacios más sensibles, humanos y equitativos. En este 8M, poner en el centro la experiencia de las madres investigadoras es también una forma de recordar que no puede haber verdadera igualdad mientras el talento de muchas mujeres siga enfrentando barreras adicionales por el hecho de maternar.

