Por Elena Martínez
Desde el año 2020 se ha conmemorado el Día Mundial de la Enfermedad de Chagas, y el 14 de abril que marca esta instancia no debería agotarse en la función de un recordatorio en el calendario. La fecha sirve como aviso, pero también como examen de conciencia; no deberíamos limitar la conversación a una fecha en el calendario, ni permitir que el foco se disuelva al terminar la efeméride.
En este marco, el 14 de abril debería concebirse como un recordatorio impostergable; una instancia pública para visibilizar un problema de salud que, pese a su relevancia epidemiológica, continúa permaneciendo, en gran medida, en los márgenes del debate social y sanitario.
La conmemoración sirve, sobre todo, para mirar de frente lo que esta enfermedad todavía representa; una carga silenciosa para millones de personas en América Latina y un reto para el sistema de salud, que, aunque conocido, sigue avanzando cuando las respuestas llegan tarde o son insuficientes.
Chagas no es solo una enfermedad “del pasado” o “de zonas rurales”. También atraviesa hogares urbanos, migra con las personas, se asienta en comunidades con menos acceso a diagnóstico y tratamiento, y mantiene sus efectos crónicos durante años, incluso décadas. Por eso, hablar de Chagas en este día implica algo más que recordar; nos convoca a exigir. ¿Por qué, pese al conocimiento disponible, sigue abriéndose una brecha entre lo que se sabe y lo que se garantiza? Si hay tratamientos y estrategias de control, y si se ha aprendido a prevenir la transmisión, entonces el problema no es únicamente médico; también remite a lo social, lo político y la asignación de prioridades.
Y aquí entra la responsabilidad colectiva; conmemorar debería traducirse en decisiones concretas; fortalecer sistemas de salud para que el diagnóstico no sea un privilegio, asegurar el acceso a tratamiento oportuno, impulsar educación comunitaria que no estigmatice, y sostener políticas públicas de control vectorial y vigilancia que no se debiliten con los cambios de gobierno o los recortes presupuestarios.
La enfermedad de Chagas no es solo un problema de salud, sino también un problema social, económico y político. Requiere un enfoque multidisciplinario que involucre a todos los sectores de la sociedad para lograr un impacto real y sostenible.
La conversación pendiente también exige incorporar la voz de quienes viven con Chagas; hablar desde la experiencia cotidiana, los tiempos de espera, las dificultades para acceder a análisis, los costos indirectos, lo cual visibiliza cómo el derecho a la salud no se cumple por igual. Además, es clave sostener la atención primaria y la formación de equipos de salud; la detección temprana y el seguimiento a largo plazo son, en la práctica, una forma de justicia sanitaria.
En el marco del Día Mundial de la Enfermedad de Chagas, la invitación es a no conformarse con la memoria. Que la conmemoración sea un punto de partida para garantizar la prevención, el diagnóstico y el tratamiento mediante acciones sostenidas, planificación y asignación de recursos. Porque mientras Chagas siga siendo una “causa” de unos pocos, seguirá siendo un problema de todos.

