Por América Suárez
Durante el verano del 2026, el Digital Education Council en colaboración con la UNAM, realizaron un estudio regional con la participación de 29 universidades latinas reuniendo la respuesta de 22,941 estudiantes y 7,319 profesores, incluyendo 5,508 estudiantes y 889 profesores de la UNAM. El estudio consistió en dos cuestionarios de opción cerrada, uno dirigido a estudiantes (60 reactivos) y otro a docentes (70 reactivos) estructurados en cinco dimensiones. Este fue un muestreo no probabilístico.
En el perfil, percepciones y retos generales ante la IA en la UNAM, predomina una valoración favorable de la Inteligencia Artificial entre el estudiantado y profesorado, junto con altas expectativas de uso futuro especialmente de las y los docentes. El principal reto institucional es cerrar la brecha entre la rápida adopción de la IA y el escaso conocimiento de lineamientos, directrices y orientaciones para su uso ético y pedagógico. Con una muestra de 5,508 estudiantes, el 65.8% percibe que usará la IA en su trabajo o prácticas en el futuro y el 34.2% percibe que no. Con el profesorado, el resultado fue aún más impactante, con una muestra de 889 de ellos, el 96.3% percibe que si la usará en sus prácticas docentes en el futuro y sólo un 3.7% dijo que no.
Dentro de los resultados también se encontró que entre los estudiantes predomina el uso de ChatGPT y de dispositivos móviles para buscar información, obtener nuevas ideas o empezar un borrador, resolver dudas y ayudar en la redacción; en docentes, destaca la creación de materiales didácticos y evaluaciones para los alumnos, producción de material multimedia y saber cómo aumentar la participación de los estudiantes en clase. La IA se está volviendo una tecnología cotidiana en la UNAM, pero persisten temores, desconocimiento y percepciones de restricción institucional que hacen necesaria mayor alfabetización y formación.
El estudiantado muestra una postura crítica pues reconoce el potencial de la IA, pero desconfía de que las acciones institucionales actuales sean suficientes para desarrollar habilidades sólidas. Sin embargo, existe mayor aceptación de ésta para apoyar la enseñanza y crear materiales, pero menor confianza en su uso para evaluar y calificar por preocupaciones de equidad, errores y privacidad.
En las expectativas del profesorado, no se observa una brecha generacional marcada; la adopción depende más de condiciones estructurales como formación, acompañamiento y lineamientos claros. Aunque se anticipa un impacto importante de la IA, su integración en la práctica sigue siendo limitada, lo que refleja cautela, incertidumbre y necesidad de desarrollo profesional e institucional. El profesorado muestra una actitud generalmente favorable hacia la IA, también existen preocupaciones sobre la dependencia del estudiantado, la pérdida de pensamiento crítico y los desafíos para la evaluación y la integridad académica. Su incorporación debe incluir alfabetización en IA, formación docente, rediseño de la evaluación y marcos éticos e institucionales que garanticen un uso responsable y contextualizado.
Como conclusión a lo anterior, hay que considerar que toda tecnología digital tiene una dimensión sociocultural, en la que los agentes educativos poseemos capacidades de resignificar y apropiarnos de estas tecnologías de maneras distintas, genuinas e innovadoras respecto a los fines con las que fueron concebidas. El uso de la IA en los procesos educativos no es sólo un acto de voluntad individual; su integración depende de diferentes agentes, procesos, momentos, recursos y políticas que confluyen en los espacios educativos.

